A continuación de Anveres tomamos rumbo para Holanda. Ahí la primera parada fue Delph, un pueblito que nos habian recomendado. Muy lindo, también con canales, por suerte muy poco turismo. Parecía el pueblo perfecto de las palículas: todo muy prolijo, limpio, la gente muy simpática y amable. Faltaba que saliera una viejita y nos invitara a comer galletas caseras a su casa.

Después de recorrer el pueblo fuimos a la plaza más importante, en donde está la iglesia principal y el ayuntamiento. Estabamos muertos asi que nos sentamos en el suelo porque obviamente no íbamos a pagar un café en uno de los bares de plaza. Así que hicimos una de nuestras auténticas gitaneadas. Ahí conocimos a Daniel, un nene muy simpático que nos hizo jugar a la versión inglesa del huevo podrido.
Estábamos muy tranquilos en nuestra gitaneada cuando escuchamos un alboroto y muchas risas. En ese momento vemos un carrito amarillo que entra en la plaza. Resulta que era una especie de vagón-bar impulsado por todos los que se sientan en la barra, que deben pedalear. Una especie de bicicleta múltiple. Mientras el carrodaba vueltas por la plaa alocadamente nos invitaron a subir y no lo dudamos ni un segundo. Era una despedida de soltero y los amigos del novio habian alquilado el carro. Nos invitaron con cervezas y comida mientras pedaleábamos. Muy gracioso!